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HISTORIA DE Abrera
Los primeros asentamientos de Abrera son iberos, de los que se ha localizado, al menos por ahora, una zona de almacenamiento de grano en silos ("camp de sitges"), que sería una estación intermedia en la ruta de exportación del cereal entre las llanuras del interior de Hispania y la costa mediterránea. De la época romana, se encuentra localizada y pendiente de excavación una villa, que debió ser conocida posiblemente como Villa Alba (en Sant Hilari), situada en las cercanías de la ciudad romana de Ad Fines ("en los límites" del territorio de Barcino), hoy Martorell.
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En la Alta Edad Media, mientras que la ciudad de Ad Fines quedó despoblada por la inseguridad creciente del territorio ante los ataques de los conquistadores musulmanes, la antigua Villa Alba se fue transformando en una primitiva aldea alrededor de la iglesia de estilo prerrománico de Sant Hilari, edificada probablemente alrededor del siglo IX, y que ha perdurado hasta nuestros días en buen estado de conservación. En esta época se supone que el lugar ya habría pasado a llamarse Abrera, nombre que parecería significar "a orillas del río" en árabe . Mientras tanto, en una elevación al otro lado del Llobregat, aparece el castillo de Voltrera (hoy en ruinas), que formaba parte de la línea defensiva del condado de Barcelona frente a los dominios de al-Ándalus.
Avanzando la Edad Media, a partir del siglo XI, Abrera debió trasladarse desde la zona fluvial al camino, mucho más elevado, y de esta época es la iglesia de estilo románico de Sant Pere, alrededor de la cual se situaron varias masías, unas pocas de las cuales han llegado, con las lógicas reformas, hasta la actualidad, siendo éste el emplazamiento del centro urbano actual. El pueblo pertenecía a la baronía de Castellvell, que después dio lugar al marquesado de Martorell, estado feudal que, después de muchas vicisitudes, llegó al final del Antiguo Régimen en manos de la casa de Alba.
Desde el siglo XVI, y coincidiendo con la primera gran oleada migratoria, procedente de Occitania, se urbanizó la calle Mayor. De esta misma época es la ermita de Sant Ermengol, que fue lugar de peregrinación comarcal durante un par de siglos.
A finales del siglo XVIII, el virrey del Perú Manuel d'Amat se hizo construir un palacete de estilo colonial en la propiedad de su familia, y lo hizo decorar por un pintor francés apellidado Flaugier. El barón de Maldà, emparentado con los Amat, lo describió en su obra Calaix de sastre ("cajón de sastre"), pero en la actualidad no se conserva ningún vestigio de este edificio, salvo alguna fotografía y el escudo familiar extraído de la fachada para salvarlo del derribo.
En la Guerra de la Independencia (1808-1814), Abrera vivió de cerca las dos batallas del Bruc. La población todavía recuerda que el ejército napoleónico, en su retirada, perdió una pieza de artillería al hundirse el llamado Pont dels Francesos ("puente de los franceses"), previamente saboteado por los vecinos. Podemos imaginar las represalias que debieron tomarse los soldados.
Ya en el siglo XIX, se crearon los nuevos arrabales de La Font y El Rebato. Y, más alejados, Les Mates y Santa María de Vilalba (también conocido por El Suro). Hacia 1888, la nueva carretera de Madrid a Barcelona se construyó fuera del casco urbano, dejando de lado el itinerario tradicional que pasaba por la calle Mayor.
En 1922 se inauguró el tramo de vía férrea que conectó el pueblo con Barcelona. En 1926, la primera escuela, costeada por los vecinos pudientes y edificada a base de jornales gratuïtos por todos los demás.
La Guerra Civil (1936-1939) golpeó Abrera como cualquier otra población. Se sabe del incendio de la iglesia, de personas que vivieron escondidas en algunas casas, de familias refugiadas, de niños masacrados por un proyectil abandonado, de jóvenes soldados desaparecidos en el frente, de un alcalde republicano (Pere Vallès) encarcelado, de fusilamientos ante la tapia del cementerio...
Después de 1950 se inicia el proceso de industrialización, con el consiguiente aumento de población, debido a la inmigración, procedente mayoritariamente del sur de España, y Abrera dejó de ser un pueblo agrícola para ir transformándose en una villa plenamente industrial, como lo es en la actualidad. Si hasta entonces la economía del pueblo se había basado en el cultivo del olivo, el almendro y la viña (substituida esta última por los árboles frutales a partir de 1930), pronto la agricultura empezó a ceder terreno y mano de obra a la industria. Al principio, fueron las industrias textiles y, sobre todo, el matadero Purlom los motores del crecimiento local. Purlom llegó a promover la creación de todo un nuevo barrio para sus trabajadores. En cambio, la instalación de la factoría SEAT entre Martorell, Sant Esteve Sesrovires y Abrera en los setenta propició que la industria auxiliar del automóvil, y sobre todo la logística, se haya convertido casi en un monocultivo industrial




